Retos de escritura V

enero 21, 2017

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¡Hola Saqueadores! Se que ha pasado mucho tiempo y que he dejado los retos de escritura un poco olvidados, pero os prometo que no he dejado de escribir. Así que lo he ido almacenando todo en una carpeta para ir mostrándooslo poco a poco.


El quinto reto dice: Escribe un relato que tenga un final con cliffhanger.


Cuando quiso darse cuenta de dónde se encontraba, cayó al suelo. Se masajeó la rodilla sin mirarla, recogió la mochila del suelo y siguió corriendo por los oscuros callejones de la ciudad. Pasó cerca de clubes nocturnos abarrotados y esquivó a unos cuantos alcohólicos.
-¿A dónde vas tan de noche, guapa?- oyó decir detrás de ella.
Antes de que pudiera ver de quien se trataba, desenfundó el puñal que le había regalado su padre, años atrás y se lo insertó al hombre en la zona abdominal. “Ya nadie tiene puñales” le había dicho su padre cuando ella tan solo alcanzaba los diez años “Por eso te lo regalo, es una reliquia. Cuida de él."
Estaban en la cocina del excesivamente pequeño apartamento en el que vivían por aquél entonces. Sentada en la mesa, Uma engullía unos cereales con pasas mientras veía la diminuta televisión. Su padre se acercó, apagó el televisor y le contó a la niña todo lo que estaba ocurriendo. Le habló de El Gordo, de la OCAM, de la muerte de su madre, de aquella pieza tan importante... Esa pieza... Todo aquello era por una pieza que; ella, Uma Liamson tenía insertada en el antebrazo.
Extrajo el puñal del estómago de aquel hombre y lo dejó caer sin darse la vuelta. Giró a la derecha por otro callejón y se relajó un poco. Sacó de la mochila una holgada camiseta de Green Day que le servía como vestido, se puso unas medias rotas y unos playeros negros de bota y suela ancha. Después, sacó una peluca de color negro con mechas rosas y se la puso sobre el brillante cabello rojizo. De un pequeño neceser sacó una cera negra y se pintó grandes ojeras alrededor de los ojos.
Una vez cambiada; guardó la otra ropa en la mochila y se la echó al hombro. Comenzó a caminar con paso acelerado aunque sin mucha prisa ya que sino podía llamar la atención.
Al poco tiempo oyó unos pasos detrás de ella. Intentó mantener la calma y cuando una voz grave la llamó, se dio la vuelta con la cabeza gacha.
-¡Eh, tú!- dijo un hombre fornido que a Uma le pareció un matón de discoteca- ¿Has visto a una chica pelirroja, más bajita que tú?
La joven negó lentamente. Reparó en que eran tres hombres como armarios, pero ni se inmutó.
-¿Seguro?-preguntó uno de los otros.
-Ya te he dicho que no, imbécil.
Al matón se le encendieron las orejas.
-¿Cómo me has llamado?- antes de que Uma pudiera responder, añadió- Menos mal que no pego a chiquillas como tú...
La muchacha levantó la cabeza y lo miró desafiante.
-¿Ah, no?
El otro inspiró ruidosamente y se abalanzó sobre ella, pero antes de que la chica pudiera sacar el puñal, el que había hablado el primero, bloqueó a su atacante.
-Vamos, Richie- dijo sujetándolo- Solo es una cría que va de chulita... Vámonos, gracias por nada...
Y se alejaron por el callejón, refunfuñando algo que Uma no llegó a entender. Guardó su arma y entonces recordó la causa por la cual estaba corriendo, los matones de la OCAM.
La OCAM era una organización criminal avanzada que se dedicaba básicamente al contrabando de tecnología y lo distribuía por todo el mundo. Según le había explicado su padre; Uma llevaba una pieza crucial para completar un arma que ayudaría a conquistar el otro lado del océano de Egberun, el continente.
Claramente, era una idea tan descabellada como popular. En el continente tenían el mejor armamento militar del planeta y; una gran variedad tecnológica que haría que la OCAM aumentara sus ganancias a un nivel estratosférico. Desgraciadamente, El Gordo y sus seguidores habían disfrazado la verdad de modo que pareciera que en el continente les retaba con extravagantes crímenes que; en realidad, servían para que el orondo jefe de la OCAM se librara de sus enemigos.
Esperó unos minutos hasta que aquellos hombres se hubieron alejado y salió,únicamente iluminada por el tenue resplandor amarillento de las farolas de la calle. Giró a la derecha y; comprobando que no la seguían, echó a correr hasta esconderse tras una parada de autobús. Sacó su teléfono y marcó el número.
-¿Uma?- respondió una voz angustiada - ¿Estás bien? ¿Dónde estás?
-Tranquilo, papá- le tranquilizó ella- no me han cogido, voy de camino al laboratorio, creo que...
Entonces, el hombre la interrumpió visiblemente alarmado y se oyó un golpe en la otra línea:
-¡No! ¡Uma, no puedes venir aquí! ¿Me has oído? No es seguro...
Otro golpe. Otro. Alguien forzaba la puerta.
-¿Papá? ¿Qué está pasando ahí?
Un estrepitoso golpe confirmó que la puerta había caído y Uma sintió un escalofrío recorriéndole la espalda. Unas voces se oyeron al otro lado , pero la chica no llegó a entender lo que decían.
-¿Papá?¡Papá!

Y entonces sonó un zumbido y el teléfono quedó en silencio.


Bueno, espero que os haya gustado y haber hecho bien el concepto de Cliffhanger y haberos dado ganas de continuarlo. Si os apetece, lo intentaré continuar en ¡mis escritos! para que podáis seguir la historia. ¡Chao!

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