Hace unas semanas fue la feria del libro en la ciudad en la que vivo, y una tía mía a la que adoro —y que trabaja en una librería— vino desde muy lejos porque tenía una caseta en la feria. No solo pude verla, lo cual me hizo muchísima ilusión, sino que me recomendó tres novelas fantásticas que pensaba comprarle. Sin embargo, no me dejó pagar más que una, y porque le insistí. Realmente quiso hacerme un regalo y para mí fue lo más especial que pudo hacer. La echaba muchísimo de menos, y verla a ella y a su madre ya fue una maravilla. Pero ya volver con una novela nueva en mis manos, y una a la que le tenía tantísimas ganas... Fue la culminación perfecta para unos días en los que me lo pasé fenomenal. Así que gracias a ella, ¡hoy tenemos nueva reseña! Vamos con mi opinión sobre El ciclo de la selva de Elaine Vilar Madruga.
El género de terror latinoamericano contemporáneo ha encontrado su fuerza no en los fantasmas y los monstruos occidentales, sino en las venas abiertas de la propia geografía de América Latina. En este panorama de horror social y corporal, la escritora cubana Elaine Vilar Madruga se corona como una de las voces emergentes más impactantes y líricas con su novela publicada de forma independiente: El cielo de la selva. Esta obra es una fábula visceral que retuerce el realismo mágico clásico hasta transformarlo en una asfixiante pesadilla gótica. Vilar Madruga nos traslada a la linde de una selva implacable y cruel, donde la supervivencia se rige a partir de sus normas injustas.
El cielo de la selva es una novela de lo más peculiar. Ambientada en una hacienda aislada dentro de una selva sin nombre, la historia se centra en un grupo de personajes que se ven alienados y cuya vida está regida por la selva. En este universo literario, la selva nos es un mero escenario, sino una especie de deidad hambrienta que ofrece protección contra la violencia del mundo exterior, como los narcos y guerrilleros, a cambio de un tributo atroz: carne humana. Bajo este pacto de supervivencia, las mujeres de esta comunidad están obligadas a parir y criar a sus propios hijos a sabiendas de que su destino final es ser devorados por la selva. El relato adopta una estructura polifónica, entrelazando las voces y traumas de distintas madres, niños y personajes atrapados en este ciclo de violencia.
Es muy interesante la dicotomía que la autora ofrece mediante los dos espacios: la selva y el exterior. El mundo está devastado por la violencia de los narcos y guerrilleros, mientras que el interior de la selva ofrece un refugio seguros para aquellas personas que habitan los márgenes de la sociedad. La naturaleza se manifiesta en esta novela como un dios antropófago y caprichoso que demanda de manera constante la carne humana de los niños nacidos en la hacienda. Bajo las órdenes de "La Vieja", la matriarca del asentamiento, las mujeres son reducidas a ganado reproductor; su único propósito es parir y amamantar a crías humanas que saben, de antemano, que serán devoradas por la vegetación.
El acierto más sobrecogedor de Vilar Madruga radica en la construcción de su atmósfera y en su estructura polifónica. La Vieja tiene dos hijas, Santa y Ananda, que sufren en su propio cuerpo la crueldad del entorno que las rodea. Santa, enamorada de Lázaro (el único hombre que reside en la hacienda) se ha convertido en una mujer resentida y desagradable, obsesionada por probar la carne de sus propios hijos que la selva considera tan apetecible. Ananda, traumatizada por la muerte de su hijo (un perro) a manos de Santa, se convierte en una perra salvaje. A través de capítulos que entrelazan las perspectivas de madres, niños sacrificados y hombres alienados por el sistema, la autora teje un bucle temporal narrativo donde el final de un fragmento se convierte en el inicio del siguiente. No hay héroes en esta historia; hay víctimas y victimarios atrapados en una maquinaria de supervivencia que los deshumaniza de manera sistémica.
Los temas que aborda el libro trascienden el mero susto biológico. Lejos de tratarse de una novela de terror al uso, considero que se trata de una novela de malestar. La sensación al leerla es de desagrado, angustia, frustración... El cielo de la selva funciona como una perturbadora alegoría a la maternidad obligatoria, el extractivismo y la violencia patriarcal. Al igual que las distopías clásicas, el cuerpo femenino es despojado de toda autonomía, pero aquí el opresor no es un gobierno totalitario, sino una deidad verde y húmeda respaldada por el trauma de las mujeres que habitan en su seno. La prosa de la autora es una paradoja constante: es poética y musical, hermosa. Pero relata de forma constante las mayores atrocidades imaginables.
El cielo de la selva es una obra maestra de lo incómodo. No busca entretener de manera ligera, sino confrontarnos con los espejos más difíciles de nuestra realidad social. Elaine Vilar Madruga ha escrito una novela dolorosa, claustrofóbica y necesaria que, mientras crea un ambiente semifantástico, critica aspectos de nuestra sociedad actual que continúan afectando a hombres, mujeres, niños y diversas criaturas de nuestro mundo. Si bien la sensación mientras se lee esta novela no es agradable, se trata de un nivel de malestar que te mantiene en el borde de la silla, expectante ante lo que va a ocurrir en la hacienda. Definitivamente es una obra que me ha marcado, y continuaré leyendo a Vilar Madruga.

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